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Ikigai: tu razón para levantarte cada mañana

Foto de portada para: Ikigai: tu razón para levantarte cada mañana

Hagamos un ejercicio antes de seguir leyendo. Piense en esta mañana: ¿qué fue lo primero que lo hizo levantarse de la cama? Puede haber sido algo grande o algo mínimo. Regar las plantas. Una hora de caminata. El desayuno con alguien. Terminar el tejido. La llamada de un nieto. Venir al taller.

Sea lo que sea, esa respuesta tiene nombre en japonés: se llama ikigai.

Una palabra que viene de muy lejos

Ikigai se forma con dos partes: iki, que es vida, y gai, que quiere decir valor o mérito. Curiosamente, gai viene de kai, "conchas": en el Japón antiguo las conchas marinas eran objetos valiosos, casi una moneda. Así que ikigai es, muy literalmente, aquello que le da valor a la vida. La palabra no es nueva: se le sigue la pista hasta el período Heian, hace más de mil años.

No existe una traducción exacta al español. La más cercana sería "razón de ser" o, mejor todavía, la razón por la que vale la pena levantarse en la mañana.

La aldea donde se vive más años

El ikigai se hizo conocido en Occidente por un pueblo pequeño. En el norte de la isla de Okinawa, en Japón, hay una localidad rural de unos tres mil habitantes llamada Ogimi, conocida como "la aldea de los centenarios" porque tiene uno de los índices de longevidad más altos del mundo.

Cuando fueron a preguntarles su secreto, la respuesta no fue una dieta ni un remedio. Fue algo mucho más simple: todos tenían algo que hacer al día siguiente. Un huerto, una tarea en la comunidad, un oficio, una junta con los amigos. Nadie estaba de más y nadie estaba solo.

Eso es lo interesante para nosotros: en esa cultura, cumplir años no significa retirarse de la vida. Significa seguir teniendo un lugar.

El famoso diagrama… y una aclaración

Seguramente han visto circular el dibujo de los cuatro círculos que se cruzan, con la palabra ikigai al centro. Vale la pena contar de dónde salió, porque casi nadie lo sabe.

Ese diagrama no es japonés. En 2011 el español Andrés Zuzunaga publicó un esquema de cuatro círculos para hablar del propósito. Tres años después, un autor británico, Marc Winn, tomó ese mismo dibujo y reemplazó la palabra del centro por "ikigai". La imagen se volvió viral y así llegó al mundo entero.

¿Significa que el diagrama no sirve? Para nada: es una herramienta muy útil para ordenar las ideas. Pero conviene saber que el ikigai japonés original es algo más cotidiano y menos ambicioso: no se trata de encontrar la gran misión de la vida, sino de reconocer las razones pequeñas que ya están ahí, todos los días.

Los cuatro círculos, mirados desde nuestra vereda

El esquema propone cruzar cuatro preguntas. Las tres primeras nos calzan tal cual:

  • Lo que amas. Aquello que hace que se le pase la hora sin darse cuenta.
  • Lo que sabes hacer. Y aquí llevamos una ventaja enorme: toda una vida de oficio y experiencia.
  • Lo que el mundo necesita. Lo que hace falta a su alrededor: en la familia, en el barrio, en la asociación.

El cuarto círculo, en la versión clásica, dice "aquello por lo que te pagan". Y esa es justamente la parte que en esta etapa deja de mandar. Por eso nosotros preferimos cambiarlo por otro que nos representa mucho mejor: lo que puedes dar.

Porque quien se jubiló no perdió su propósito. Lo que ganó fue, por fin, el tiempo para elegirlo.

Cuatro preguntas para encontrar el suyo

No hace falta ningún método complicado. Basta con sentarse un rato con un papel y responder con calma:

  • ¿Qué hago que me hace perder la noción del tiempo?
  • ¿Qué me piden los demás con frecuencia, porque saben que lo hago bien?
  • ¿Qué me gustaría dejar hecho o enseñado?
  • ¿Qué cosa pequeña podría hacer mañana mismo para acercarme a eso?

Esa última pregunta es la más importante. El ikigai no se descubre pensando: se descubre haciendo.

El ikigai también se construye acompañado

Hay algo que suele olvidarse cuando se habla de este tema: el ikigai no es un asunto individual. En su origen tiene un fuerte componente comunitario. La pregunta no es solo "qué me hace feliz", sino "qué aporto y con quiénes".

Y ahí, sin ponerle nombre japonés, muchos de ustedes ya lo están practicando. El Taller de Juegos, el Taller Mente Activa, la gerontomotricidad, las comisiones, organizar una actividad, acompañar a un socio que lo está pasando mal. Todo eso es ikigai en la práctica. APUC existe, en el fondo, para eso: para que ninguno de nosotros se quede sin razones para salir de la casa.

Para terminar

Los japoneses de Ogimi lo resumen en una frase muy sencilla: la alegría de una vida larga está en estar siempre ocupado en algo que importa. No ocupado de correr: ocupado de vivir.

Así que le dejamos la pregunta con la que partimos, ahora para que la responda de verdad: ¿cuál es su ikigai? Cuéntenoslo en nuestras redes sociales o, mejor todavía, en la próxima actividad. Nos encantaría saberlo.