216 años del primer paso: qué celebramos el 18 y de dónde viene la cueca

Cada 18 de septiembre repetimos que celebramos la independencia de Chile y que la cueca es nuestro baile nacional. Las dos frases son ciertas a medias, y lo que falta es más interesante que lo que decimos.
Lo que pasó de verdad el 18 de septiembre de 1810
Ese día, en Santiago, se realizó un cabildo abierto al que asistieron cerca de cuatrocientos vecinos de las familias más influyentes de la ciudad. De esa reunión salió la Primera Junta Nacional de Gobierno, un cuerpo colegiado que asumió la administración de lo que entonces era la Capitanía General de Chile.
La razón hay que buscarla al otro lado del océano. En 1808, Napoleón había ocupado España y depuesto al rey Fernando VII. Con el rey preso, las colonias americanas quedaron ante una pregunta incómoda: ¿quién manda ahora?
La respuesta de aquel cabildo no fue romper con España. La Junta se formó justamente para gobernar y defenderse en nombre del rey cautivo. Pero al hacerlo ocurrió algo que ya no tuvo vuelta atrás: por primera vez, un grupo de chilenos se hizo cargo de gobernar Chile.
Entonces, ¿cuándo se declaró la independencia?
El 12 de febrero de 1818, ocho años más tarde y después de una guerra larga. Ese es el día en que Chile se declaró formalmente un Estado independiente.
Así que las cuentas van así:
- 216 años desde aquel primer cabildo de 1810.
- 208 años desde la declaración de independencia de 1818.
Saberlo no le quita nada al 18 de septiembre. Al contrario: lo que celebramos no es un papel firmado, sino el día en que este país empezó a gobernarse solo. El primer paso, que suele ser el más difícil.
La cueca vino de afuera y volvió transformada
Sobre el origen exacto de la cueca todavía se discute, pero hay dos cosas en las que los estudiosos coinciden: su parentesco con la zamacueca y sus antecedentes arábigo-andaluces, es decir, esa mezcla de música árabe y española que cruzó el Atlántico con la Colonia.
La ruta, en grandes trazos, fue esta:
- Hacia 1800, la zamacueca se bailaba en todo el Perú.
- Hacia 1824 ya se bailaba en Chile. Las primeras pistas sobre su llegada las dejó escritas el músico José Zapiola en Recuerdos de treinta años, publicado en 1872.
- Hacia 1860, en el Perú los bailarines la llamaban directamente "la chilena": se había vuelto tan nuestra que allá la identificaban con nosotros.
- En 1884, después de la Guerra del Pacífico, en Perú pasó a llamarse marinera.
Es decir: un baile que llegó de afuera, que aquí se transformó hasta volverse irreconocible, y que terminó llevando el nombre de este país en el extranjero. Y siguió cambiando dentro de Chile, porque la cueca del norte, la del campo central, la chilota y la urbana —la brava, la de los barrios de Santiago y Valparaíso— no se bailan ni se cantan igual, aunque todas sean la misma.
El decreto llegó siglo y medio tarde
La cueca fue declarada danza nacional por el Decreto N° 23 del Ministerio Secretaría General de Gobierno, firmado en Santiago el 18 de septiembre de 1979. Su artículo primero es de una sola línea: "Declárase a la cueca danza nacional de Chile".
Los fundamentos del decreto están escritos con una franqueza poco habitual para un documento oficial. Dicen que la cueca constituye, en música y danza, "la más genuina expresión del alma nacional", y que en sus letras "alberga la picardía propia del ingenio popular chileno, así como también acoge el entusiasmo y la melancolía".
Un detalle que casi siempre se cuenta mal: es muy común leer que el decreto se publicó un 18 de septiembre. Se firmó ese día, pero apareció en el Diario Oficial recién el 6 de noviembre de 1979. La fecha del 18 fue un gesto simbólico, no la del trámite.
Diez años después llegó la otra fecha que hoy usamos: el Decreto N° 54, firmado el 15 de septiembre de 1989 y publicado el 28 de octubre de ese año, declaró el 17 de septiembre Día Nacional de la Cueca.
Con todo, lo esencial es esto: ningún decreto hizo nacional a la cueca. Cuando se firmó ese papel, el país llevaba más de siglo y medio bailándola en las chinganas, en las ramadas, en los matrimonios y en las cocinas. El decreto no la nombró: la reconoció. Lo que ya estaba decidido, estaba decidido bailando.
Lo que se hereda sin darse cuenta
Muchos de nosotros aprendimos a bailar cueca sin que nadie nos enseñara formalmente: mirando a los grandes, en una fiesta familiar, con el pañuelo prestado de alguien. Así se ha transmitido casi siempre. No por decreto, sino de una generación a la siguiente.
Este 18 les deseamos una buena celebración, de las tranquilas o de las movidas, según cada cual. Y si alguien se anima a un pie de cueca, mejor todavía: es la manera más antigua que tenemos de seguir haciendo lo mismo que hicieron aquellos cuatrocientos vecinos en 1810, que fue tomar algo en sus manos y seguir adelante con ello.
¿Se acuerda de la primera vez que bailó cueca? Nos encantaría leerlo en los comentarios de nuestras redes.